El autor (cuya identidad varía según las ediciones, aunque a menudo se asocia con la literatura de no ficción novelada) utiliza la metáfora de una península —un territorio rodeado de vacío— para describir aquellos pueblos y ciudades menores que han sido deshabitados lentamente. Las "casas vacías" no son solo estructuras de ladrillo y cemento; son memorias, linajes y futuros que nunca llegaron a materializarse.