Elías sintió el frío del metal contra su piel. No era la primera vez esa semana. Primero había sido El Ojo del Niño , luego El Telar . Ahora esta. Las estrellas no estaban muriendo; estaban siendo borradas. Como tiza en una pizarra mojada.
Pero el verdadero terror estaba en el cielo del sur. Allí, en una constelación que él había renombrado hacía cinco años, parpadeaba una luz débil, inestable. Una estrella rojiza, al borde del colapso. cuando no queden mas estrellas que contar novela new